"Y que le vamos a hacer, si yo no soy para ti ni tú eres para mí", me dijo en aquel café de la playa. Con esas palabras me colocó el pelo detrás de la oreja, me besó en la frente, y se perdió.
Pasado el tiempo regresas. Tus ojos me cuentan una y otra vez aquella despedida en el café. Relegado ya al olvido, ahora, en este café, me permito el lujo de observar tu aspecto desaliñado, y creo que ahora fumas demasiado.
