Y todos los días llega ese momento en que llego a la cama y tú conmigo.
Aunque ya no estés. Aunque ni siquiera recuerdes que me quisiste.
Llegas en el momento en que cierro los ojos y quiero dormir.
No me dejas. O si. Soñar contigo parece requisito indispensable.
Una vez me dijeron que cuando te duermes pensando en alguien,
ese alguien sueña contigo. Pero os diré algo: cuando a uno le invade un alguien,
es porque ese alguien está olvidando.
Y es entonces cuando este mundo, este mundo cabrón y jodido, cree
que el mejor lugar donde dejar descansar esos recuerdos, eres tú.
Porque al mundo le da igual tu insomnio, tus sueños rotos, y más aún, el olvido.
El mundo sigue existiendo sin ti. Y tú eliges, ¿doble o nada?
10.6.15
28.8.13
El día que te vayas...
¿Por qué tendría que creerte? ¿Por qué esta vez sería diferente?
Ya había habido una primera vez. Incluso una segunda. Y dicen que no
hay dos sin tres... Pero parece que no importa cuantas veces te vayas.
¿No te has dado cuenta aún que no necesito te quieros? Ni por qués. Ni razones.
No te creo. No va a ser diferente. Te irás una tercera vez. Lo sé. Pero me da igual.
Solo necesito no olvidarte. Solo necesito recuerdos para ese día que te vayas.
Ese día en que vuelvas a desaparecer y necesite echarte de menos, no para hoy.
Hoy estás aquí. Y no quiero más razones que tu presencia. Mañana ya veremos...
Porque hoy estás aquí. Me alegro que estés aquí, que tengamos que estar aquí, los dos juntos
aunque rendidos, como el atardecer que no deja escapar ni un día.
Y ya mañana será el día que te vayas...
Otra vez.
24.6.13
Cuentos de semáforo.
«Hemos pasado 24 horas juntos. Sé que no es amor. Es soledad. Es necesidad, empatía, agradecimiento».
Te escribía poemas en lo que tardaba el semáforo en ponerse en verde. Eran los mejores
16.6.13
No te buscaría si no te hubiera encontrado ya.
No te busqué. Pero te encontré. Y me enamoré. Creo que tú también...
Entonces llegó el otoño. Es obvio que llovía el día de tu despedida.

Ahora entiendo por qué llovía... Desde entonces el otoño es la estación de la melancolía.
Me han salido muchos pareados. Pero de esto hace ya dos otoños.
Yo aquí sigo buscándote. Tú por ahí estarás buscando a otro.
Te recuerdo que una vez te encontré. Y me enamoré. Y estoy seguro que tú también...
Y acaba de pasar el otoño. Corre, date prisa. Déjame encontrarte.
Quedan doce meses para el próximo.
«No te buscaría si no te hubiera encontrado ya».
Entonces llegó el otoño. Es obvio que llovía el día de tu despedida.

Ahora entiendo por qué llovía... Desde entonces el otoño es la estación de la melancolía.
Me han salido muchos pareados. Pero de esto hace ya dos otoños.
Yo aquí sigo buscándote. Tú por ahí estarás buscando a otro.
Te recuerdo que una vez te encontré. Y me enamoré. Y estoy seguro que tú también...
Y acaba de pasar el otoño. Corre, date prisa. Déjame encontrarte.
Quedan doce meses para el próximo.
«No te buscaría si no te hubiera encontrado ya».
6.6.13
Tengo el límite en 5 centímetros.
No podemos estar a menos de 5 centímetros de distancia.
Mi cuello así se lo ruega a tu boca.
No podemos estar tan cerca que no halla más mundo que tus pupilas. Mi escasa capacidad de resistirme a ti así lo exige.
5 centímetros como perímetro mínimo para con tus pupilas y tus labios.
Aguantaría tu respiración tan cerca como si fuera la mía, tus dedos enredados en mi pelo, tu perfume en mi ropa... ¿Y qué son entonces 5 centímetros después de respirarte en cada bocanada? No intentes entender(me). Tus labios a menos de 5 cm de distancia, puff... Y tus ojos... Eso no, no lo podría aguantar. Creéme, saldrías vacío. De sonrisas, de caricias, de besos. Los gastaría todos.
Tengo el límite en 5 centímetros, no te lo saltes por favor.
31.5.13
Cuentos de semáforo.
«Yo, que no soy ni peor ni mejor que nadie, te sueño como todos y como ninguno hace».
Te escribía poemas en lo que tardaba el semáforo en ponerse en verde. Eran los mejores.
15.5.13
Adiós nada.
Estamos a tiempo de perderlo todo. Porque para el amor... Para eso ya no hay tiempo.
Pero hubo un tiempo, no hace mucho...
No me hagas caso, no hubo ningún tiempo. Ni hace mucho ni hace poco. No hubo nada. Ni siquiera un poco de amor, y mucho menos tiempo para ello. Acabo de descubrir que nunca me quisiste. No me lo tengas en cuenta, no merece la pena... Desde que estamos a tiempo de perder toda esa nada que teníamos, no importa nada, valga la redundancia.
La única diferencia es que ahora vamos a perderlo todo. Absolutamente todo. Incluida toda esa nada que teníamos. Sé que a ti no te importa, pero no sé si puedo decir lo mismo de mí. Me importa perder ese algo nuestro por muy insignificante que sea. Pero más me importa que a ti no te importe nada.
Permíteme que no te invite a la despedida. Y no me lo tengas en cuenta, pero necesito odiarte.
1.5.13
Ella no te necesita.
No importa cuán lejos estamos ahora. De verdad. No importa.
Tenemos caricias. Tenemos sentimientos. Tenemos sueños que un día hicimos realidad.
Otros que quedaron por el camino. Tenemos minutos. Tenemos segundos.
Y como he dicho antes, tenemos sentimientos. Aun forzándonos a verlos desaparecidos.
Tenemos momentos, qué pena que ya hayan sido vividos. Tenemos recuerdos...
Tenemos tantas cosas que tuvimos.
Eso fue antes de que todo dejara de importar, pero ¿a quién le va a importar
que quiera vivir de los recuerdos?
Tenemos una historia. Aunque ya vivida. Noches pasadas, a las que un día, quizás,
sucumbimos. Qué pena que ya estén tan lejos. Qué amargo sabe el olvido.
Te prometo que no es tan amargo como lo escribo.
Te prometo que ya no importa nada de esto vivido.
«Ella no te necesita. Tiene tu recuerdo que vale más que tú».
17.12.12
Seamos eternos.
Prométeme que nos reencarnaremos. Que habrá otra vida. Aunque no sea mejor que esta. Prométemelo. Solo quiero que me prometas que me buscarás. Que me encontrarás. Y después, como dice Sabina, «seguiremos, como siguen las cosas que no tienen mucho sentido». Que si hay otra vida solo pido volverte a encontrar. Enamorarme poquito a poco. Solo pido volver a sentir lo que sentí aquel día que me susurraste «¿Dónde has estado todo este tiempo? Te busqué, no sabía cómo eras, pero sabía que existías». Entonces, solo entonces, será nuestra vida, será nuestro tiempo.
A mi amigo Paje. Seamos eternos.
1.1.12
Happy new you.
A todos aquellos que convencen. A todos aquellos que convencen con recuerdos. A todos aquellos que convencen con millones de recuerdos. A todos los que quieren sentirse a gusto. A todos los que buscan la felicidad. A todos los que piensan que vivir significa reinventarse cada día. A todos aquellos que lo hacen y, además, lo celebran. Happy new you.
28.11.11
La banda sonora del descontento.
En esta calle perdida alguien tocaba ese bolero que alguna vez significó tanto. Tanto que se convirtió en la banda sonora de nuestra vida.
Nuestro último día, como tantos otros, nos habíamos tarareado esa misma canción:
~ Bésame, bésame mucho, como si fuera esta noche
la última vez.
- Bésame, bésame mucho, que tengo miedo a tenerte,
y perderte otra vez.
Esa noche que sería la del último día, esa noche que no dormimos nada pero nos besamos mucho, esa noche me lo cantaste. Al oído.
Pero a la mañana siguiente ya no estabas allí.
La noche siguiente te envié un mensaje: "Quiero tenerte muy cerca, mirarme en tus ojos y estar junto a ti".
Escribí esa canción que para nosotros una vez significó «Te quiero».
El sonido de entrada del mensaje concidió con un paseo por esta calle perdida, fue su banda sonora. La banda sonora del descontento: "Piensa que tal vez mañana, estaré muy lejos, muy lejos de aquí..."
Nuestro último día, como tantos otros, nos habíamos tarareado esa misma canción:~ Bésame, bésame mucho, como si fuera esta noche
la última vez.
- Bésame, bésame mucho, que tengo miedo a tenerte,
y perderte otra vez.
Esa noche que sería la del último día, esa noche que no dormimos nada pero nos besamos mucho, esa noche me lo cantaste. Al oído.
Pero a la mañana siguiente ya no estabas allí.
La noche siguiente te envié un mensaje: "Quiero tenerte muy cerca, mirarme en tus ojos y estar junto a ti".
Escribí esa canción que para nosotros una vez significó «Te quiero».
El sonido de entrada del mensaje concidió con un paseo por esta calle perdida, fue su banda sonora. La banda sonora del descontento: "Piensa que tal vez mañana, estaré muy lejos, muy lejos de aquí..."
29.10.11
Lo superfluo.
Nunca se preguntó si la amaba. Nunca le preguntó si la amaba. Nunca hizo tantas cosas…
Nunca dejó de fumar. Nada más allá de lo necesario.
Jamás le importó si la amaba. Digo, si la quería. ¡Ay amar! Siempre le sonó a telenovela eso de amarse. Y ellos de telenovela tenían poco. Se pensaban dos extraños compartiendo cama. Cada día una vida distinta. Cada día una persona distinta: Marilyn y Kennedy, Lennon y Yoko Ono, Woody y Soon-Yi, Bogart e Ingrid Bergman. Pero cada día, siempre, inevitablemente ellos. Porque ya descubrieron, quizás con Jack Lemmon en Con Faldas y a lo loco, que, bueno, “Nadie es perfecto”.
Nunca dejó de fumar. Nada más allá de lo necesario.
Jamás le importó si la amaba. Digo, si la quería. ¡Ay amar! Siempre le sonó a telenovela eso de amarse. Y ellos de telenovela tenían poco. Se pensaban dos extraños compartiendo cama. Cada día una vida distinta. Cada día una persona distinta: Marilyn y Kennedy, Lennon y Yoko Ono, Woody y Soon-Yi, Bogart e Ingrid Bergman. Pero cada día, siempre, inevitablemente ellos. Porque ya descubrieron, quizás con Jack Lemmon en Con Faldas y a lo loco, que, bueno, “Nadie es perfecto”.
14.10.11
Aunque me quede sin tu cuerpo y sin el cigarro de después V
Abrí un ojo, un rayo de luz entraba por la ventana cruzando la habitación. Eran las 7.30 de la tarde. Yo, es que he sido siempre muy dormilona. Me levanté de la cama, cogí un Ducados Rubio de la mesilla y me acerqué a la ventana. Un escalofrío recorrió mi cuerpo desnudo. Fumé.
Me metí de nuevo en la cama, y me dediqué a observarte.
Dieron las ocho. Salí de la cama, en la que sería la última vez. Me vestí. Me pinté los labios rojo carmín, y besé la pared, para dejar una mancha, de esas que traen tan buenos recuerdos.
Él abrió un ojo, “¿A dónde vas?”
Sin explicarte nada más, te dije que bajaba a por tabaco y jamás volví a tu cama
Me metí de nuevo en la cama, y me dediqué a observarte.
Dieron las ocho. Salí de la cama, en la que sería la última vez. Me vestí. Me pinté los labios rojo carmín, y besé la pared, para dejar una mancha, de esas que traen tan buenos recuerdos.
Él abrió un ojo, “¿A dónde vas?”
Sin explicarte nada más, te dije que bajaba a por tabaco y jamás volví a tu cama
6.10.11
Si nos espera el olvido, tratemos de no merecerlo.
Las agujas del reloj me están increpando, dicen que me quedo sin tiempo para ir a buscarte. El reloj ha marcado las tres y me está gritando que salga corriendo a encontrarte.
Las hojas que caen de este otoño me hacen señas cuando pasan por mi ventana. Intentan decirme que ya te ven alejarte.
Las hojas que caen de este otoño me hacen señas cuando pasan por mi ventana. Intentan decirme que ya te ven alejarte.
18.9.11
Aunque me quede sin tu cuerpo y sin el cigarro de después IV
Me encendí otro cigarrillo mientras bajaba aquellas escaleras que se hicieron las más eternas de mi vida. Salí a la calle. Allí estaban esos ojos verdes sobre aquella Harley matando su vicio con un Ducados Rubio.
- Veo que sigues fumando - me dijo.
~ Si. Cada uno tiene sus vicios.
Me alargó el brazo y me dio uno de los cascos. Me lo puse y subí. Él arrancó. Estuvimos dando caladas en horas desordenadas. Nos perdimos en callejones sin salida que te llevan a ninguna parte. Nos empapamos el uno del otro.
Su boca no me dirigió ninguna palabra más.
Quizás no hacía falta, sus ojos no paraban de bombardearme…
Y cuando parecía que estaba todo dicho me besó.
- Veo que sigues fumando - me dijo.
~ Si. Cada uno tiene sus vicios.
Me alargó el brazo y me dio uno de los cascos. Me lo puse y subí. Él arrancó. Estuvimos dando caladas en horas desordenadas. Nos perdimos en callejones sin salida que te llevan a ninguna parte. Nos empapamos el uno del otro.
Su boca no me dirigió ninguna palabra más.
Quizás no hacía falta, sus ojos no paraban de bombardearme…
Y cuando parecía que estaba todo dicho me besó.
10.9.11
La importancia de lo insignificante.
Siempre he creído que lo que tiene una persona en su mesilla es muy importante para ella.
Su mesilla no tenía cajones, por lo que daba pie a tener pocas cosas importantes en ella. Quizás no tenía nada importante. O quizás simplemente valoraba muy bien la importancia de cada cosa... A parte de dos cajas, supongo que llenas de recuerdos, solo destacaba una foto en su mesilla.
Esa foto la hizo cuando llegabas aquel día. Aquel día que sería el último.
Y ese es su último recuerdo. ¿Por qué? Por qué es el último momento en que fue feliz contigo.
Su mesilla no tenía cajones, por lo que daba pie a tener pocas cosas importantes en ella. Quizás no tenía nada importante. O quizás simplemente valoraba muy bien la importancia de cada cosa... A parte de dos cajas, supongo que llenas de recuerdos, solo destacaba una foto en su mesilla.
Esa foto la hizo cuando llegabas aquel día. Aquel día que sería el último.
Y ese es su último recuerdo. ¿Por qué? Por qué es el último momento en que fue feliz contigo.
5.9.11
Aunque me quede sin tu cuerpo y sin el cigarro de después III
El descansillo estaba oscuro y vacío, como habitualmente. Pero había algo, que lo antojaba diferente.
Cerré los ojos. Umm… Recuerdos de perfumes vuelven.
Dicen que lo que más hiere es eso de echarle de menos, sin embargo yo creo que no es así. Echar de menos, hiere. Hiere mucho. Es como un pellizco infinito. Lo bueno de echar de menos, es que con el paso del tiempo dejas de hacerlo. Porque empiezas a olvidar sus cosas. Sus besos, sus abrazos, su voz, su manera de tocarte, todo. Terminas olvidándolo todo. Por eso creo que lo que más hiere es la esperanza. Siempre mirarás la puerta y te imaginarás que entra y te rescata de todo ese injusto sufrimiento. Siempre tendrás la esperanza de irte un día a dormir y que todo haya sido una estúpida pesadilla. Porque la esperanza es lo último que se pierde.
Cerré la puerta. Resoplé. Me apoyé en ella y me deje caer. Eché un vistazo a mi casa. Entre el desorden ví un vestido vaquero. Tenía una mancha de chocolate. Buen recuerdo del cumpleaños de Sebas. Siempre me gustaron mucho las tartas… Me lo puse. Fui a mi habitación a por el tabaco. Cogí las llaves también, y salí de casa.
Cerré los ojos. Umm… Recuerdos de perfumes vuelven.
Dicen que lo que más hiere es eso de echarle de menos, sin embargo yo creo que no es así. Echar de menos, hiere. Hiere mucho. Es como un pellizco infinito. Lo bueno de echar de menos, es que con el paso del tiempo dejas de hacerlo. Porque empiezas a olvidar sus cosas. Sus besos, sus abrazos, su voz, su manera de tocarte, todo. Terminas olvidándolo todo. Por eso creo que lo que más hiere es la esperanza. Siempre mirarás la puerta y te imaginarás que entra y te rescata de todo ese injusto sufrimiento. Siempre tendrás la esperanza de irte un día a dormir y que todo haya sido una estúpida pesadilla. Porque la esperanza es lo último que se pierde.
Cerré la puerta. Resoplé. Me apoyé en ella y me deje caer. Eché un vistazo a mi casa. Entre el desorden ví un vestido vaquero. Tenía una mancha de chocolate. Buen recuerdo del cumpleaños de Sebas. Siempre me gustaron mucho las tartas… Me lo puse. Fui a mi habitación a por el tabaco. Cogí las llaves también, y salí de casa.
31.8.11
¿Cómo discutir sabiendo que no tengo la razón?
Siempre dijeron que era una chica muy pasional. Y como tal le apasionaba hasta discutir.
Si, discutir.
Le parecía que todo luego era más intenso. Los te quieros, los besos, los abrazos. Esos abrazos largos, tan largos que en las películas la imagen gira a cámara lenta alrededor para poder apreciar la intensidad del momento. Cualquier gesto impregnado de reconciliación es tan verdadero.
Si, discutir.
Le parecía que todo luego era más intenso. Los te quieros, los besos, los abrazos. Esos abrazos largos, tan largos que en las películas la imagen gira a cámara lenta alrededor para poder apreciar la intensidad del momento. Cualquier gesto impregnado de reconciliación es tan verdadero.
30.8.11
Preguntale si cambió el tiempo o sigue lloviendo.
Entonces leyó: "En el fondo el olvido es un gran simulacro, nadie sabe si puede aunque quiera olvidar"
Sigue pensando lo mismo que aquel día que llovía y se quitó el sombrero para que sus lágrimas pudieran confundirse con la lluvia.
22.8.11
Aunque me quede sin tu cuerpo y sin el cigarro de después II
Tic. El minutero se ha movido de nuevo. Ha pasado otro minuto. Esta vez me giro a mirar el reloj. Son las nueve. El día se despide.
Mi cigarro sigue consumiéndose. Le doy una última calada. Lo apago, y lo tiro por la ventana. Hacia Madrid. ¿Alguna vez habéis visto volar a la muerte? Yo sí. Y esta no fue la última vez.
Observé la cama de matrimonio. De repente alguien llamó a la puerta.
Siempre me he preguntado porque se llaman camas de matrimonio. El diccionario define matrimonio como la unión concertada de dos personas mediante determinados ritos o formalidades. Pero estas camas son las que tienen capacidad para dos personas. Da igual que éstas sean solteras o casadas, que lleven días o años…
Miré ahora hacia la ventana. No usaba cortinas, me gustaba mirar el cielo. Y esta vez el cielo estaba limpio. No tenía ni una nube. Me gusta el cielo despejado. Las nubes me recuerdan a ti. Al día que flanquearon mi paseo por la ciudad minutos después de que me dijeras adiós. No derramaron ni una gota, no lloraron nuestro adiós, y desde entonces las tengo mucho rencor. Siempre me gustaron los paseos bajo la lluvia.
Miré hacia la cama de nuevo. Me temo que esta noche también tendré que dormir sola.
En fin... Recorrí el pasillo hacia la puerta, sin poder quitarme mi cama vacía de la cabeza. Abrí.
Mi cigarro sigue consumiéndose. Le doy una última calada. Lo apago, y lo tiro por la ventana. Hacia Madrid. ¿Alguna vez habéis visto volar a la muerte? Yo sí. Y esta no fue la última vez.
Observé la cama de matrimonio. De repente alguien llamó a la puerta.
Siempre me he preguntado porque se llaman camas de matrimonio. El diccionario define matrimonio como la unión concertada de dos personas mediante determinados ritos o formalidades. Pero estas camas son las que tienen capacidad para dos personas. Da igual que éstas sean solteras o casadas, que lleven días o años…
Miré ahora hacia la ventana. No usaba cortinas, me gustaba mirar el cielo. Y esta vez el cielo estaba limpio. No tenía ni una nube. Me gusta el cielo despejado. Las nubes me recuerdan a ti. Al día que flanquearon mi paseo por la ciudad minutos después de que me dijeras adiós. No derramaron ni una gota, no lloraron nuestro adiós, y desde entonces las tengo mucho rencor. Siempre me gustaron los paseos bajo la lluvia.
Miré hacia la cama de nuevo. Me temo que esta noche también tendré que dormir sola.
En fin... Recorrí el pasillo hacia la puerta, sin poder quitarme mi cama vacía de la cabeza. Abrí.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)






.jpg)


.jpg)







